septiembre 28, 2020

Son indudables los beneficios derivados de la actividad física, concretamente más en personas de avanzada edad: mejora la masa muscular, ayuda a combatir la osteoporosis, influye positivamente en la actividad cognitiva, previene enfermedades cardiocirculatorias, entre otros muchos efectos. La fisioterapia ayuda a mejorar el estado de salud, a recuperarse de dolencias, fracturas o traumatismos, así como el dolor crónico; permite también que nuestros mayores conozcan sus limitaciones físicas y comprendan qué actividades pueden realizar y cuáles evitar; permite restaurar, en consecuencia, la movilidad y actividad física.

La visita frecuente a la clínica de fisioterapia mejora la capacidad física de nuestros mayores: la fuerza muscular y ósea, la flexibilidad, movilidad articular, el estrés y falta de sueño derivados del dolor. Permite, además, enriquecer la marcha y el equilibrio. Proporciona también herramientas y capacidad, seguridad y confianza para enfrentarse a las actividades diarias. Además, puede proporcionar diagnósticos tempranos de ciertas patologías, ya que los fisioterapeutas son profesionales sanitarios capaces de detectar prematuramente signos significativos de trastornos orgánicos.

Es, por tanto, una actividad complementaria a la rehabilitación de patologías y a la actividad física diaria: un ‘’extra’’ que deriva en un impacto muy positivo en la salud de nuestros mayores.